Desde que tengo uso de razón, me siento en guerra con Fernando Botero. Cada vez que voy al MAMU, me cuesta creer que veo la misma exposición todas las veces. Hace como un año, encontré este artículo de Luis Ospina que me hizo odiarlo un poco más. También entendí el porqué de su exposición permanente que la lleva dos décadas sin algún cambio significativo. Me parece todavía más imposible de creer que su auge y fortuna no esté influenciada por mecenas de dudosa procedencia. ¿Me van a decir que él no cogió su tajada del proceso 8000 avalado por su hijo? ¡póngale la firma! Me encantaría poder ultrajar ese espacio algún día, o formular una entrevista incómoda con Botero, como esas famosas de Álvaro Uribe. Que me responda a todo "siguiente pregunta por favor". Por ahora sólo queda intervenir el espacio virtualmente. Mientras todos toman fotos inocentemente, una escultura de Botero en manera de filtro, invade las salas del museo con una consigna directa para el noble artista que d...